Creo que a nadie con dos dedos de frente se le ocurriría interpretar por cuenta propia una ecografía, una analítica, o el resultado de cualquier otra prueba médica importante. A nadie que no tenga la formación médica adecuada, claro está. Y, sin embargo, el aumento de la disponibilidad de datos facilita que cualquiera se crea con la capacidad de interpretar cualquier cosa. Por ejemplo, los incendios forestales.

Frecuentemente, nos encontramos con estadísticas del tamaño de los incendios. Por lo general, el área quemada anualmente ha disminuido en las últimas décadas. Los iluminados de turno, que amplifican su mensaje por las redes sociales y otros medios, consideran que ese es un indicador de que el problema de los incendios va a menos. Nada más lejos de la realidad. Valorar los incendios por su tamaño tiene tanto sentido como valorar a las personas por su altura. Es decir, prácticamente ninguno.

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