Cientos de miles de clavos están desperdigados sobre el suelo de lo que era el poblado de Greenville. Eso y las altas chimeneas de piedra donde antes había hogares son todo lo que queda de esta localidad tras el paso de Dixie, convertido desde el domingo en el segundo incendio más grande de la historia de California. En una de las calles principales se ve una bañera de metal, desnuda y rodeada de ceniza de lo que eran los objetos personales de una familia. La destrucción de Greenville, cuyo origen se remonta a la fiebre del oro de mediados del siglo XIX, parece causada más por un bombardeo que producto de las llamas.

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