Las devastadoras lenguas de fuego que asomaban por las ventanas del edificio en llamas no amedrentaron a Fernando Bouza y a su compañero Manuel Ortiz. En la tercera planta había dos mujeres atrapadas, una de ellas impedida y no podía moverse de la cama, por lo que tenían que actuar cuanto antes. Estos dos policías locales no lo dudaron y se jugaron la vida para rescatar del incendio a las ancianas, dos hermanas de casi 90 años de edad.

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