La víctima mortal del incendio de la calle Lepanto dejó un calefactor encendido antes de irse a dormir, según la principal hipótesis de la investigación, para secar una ropa que se encontraba mojada. Colocó el aparato sobre el sofá del comedor, donde se iniciaron las llamas, y se marchó a la cama sin presagiar que la estufa podía causar un fuego mortal.

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