Incendios forestales, de la autoprotección a la concienciación

El verano es una estación de alto riesgo de incendios forestales. Es una época idónea para disfrutar del buen tiempo, pero las condiciones extremas de falta de humedad y las altas temperaturas suponen un riesgo muy elevado de incendio forestal que nos obligan a activar todas las alarmas y a movilizar los recursos necesarios para prevenir cualquier consecuencia relacionada. El establecimiento de un Plan de Autoprotección, por parte de los promotores de actividades –tanto públicos como privados-, y la coordinación con Protección Civil son dos de los ejes principales de una adecuada prevención de riesgos en este campo.

Desde la publicación del Decreto 82/2010 sobre las actividades obligadas a adoptar medidas de autoprotección, se han aumentado las exigencias a nivel de seguridad para todas las actividades celebradas en espacios públicos y de carácter festivo o popular. Por este motivo, actividades tan típicas de esta época como los “correfocs”, las hogueras y fuego artificiales de las verbenas y fiestas mayores, en las que hay presencia de fuego, son actividades que requieren la elaboración e implantación de un plan de autoprotección para llevarlas a cabo.

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Prevención de incendios forestales en época estival

En este sentido, todos los promotores de estas actividades, ya sean públicos o privados,  están obligados a redactar un Plan de Autoprotección, así como coordinar con Protección Civil la implantación de las medidas de seguridad y la activación de alarma. La normativa actual, entre otros aspectos, obliga a los organizadores de eventos lúdicos, de la forma siguiente:“En el caso de actividades temporales realizadas en centros, establecimientos, instalaciones y/o dependencias, que dispongan de autorización para una actividad distinta de la que se pretende realizar e incluida en el anexo I, el organizador de la actividad temporal estará obligado a elaborar e implantar, con carácter previo al inicio de la nueva actividad, un Plan de Autoprotección complementario.”

Si bien las causas inmediatas que dan lugar a los incendios forestales pueden ser muy variadas, en todos se repiten los mismos presupuestos: existencia de grandes masas de vegetación en concurrencia con periodos más o menos prolongados de sequía. El calor solar provoca deshidratación en las plantas, que recuperan el agua perdida del sustrato, pero cuando la humedad del terreno desciende a un nivel inferior al 30%, las plantas son incapaces de obtener agua del suelo, con lo que se van secando poco a poco.

Este proceso provoca la emisión a la atmósfera de etileno, un compuesto químico presente en la vegetación y altamente combustible. Tiene lugar entonces un doble fenómeno: tanto las plantas como el aire que las rodea se vuelven fácilmente inflamables, con lo que el riesgo de incendio se multiplica. Y si a estas condiciones se suma la existencia de períodos de altas temperaturas y vientos fuertes o moderados, la posibilidad de que una simple chispa provoque un incendio se vuelven significativa.

Por otro lado, al margen de que las condiciones físicas sean más o menos favorecedoras de un incendio, en la gran mayoría de los casos no son causas naturales las que provocan el fuego, sino la acción humana, ya sea de manera intencionada o no. El control de estos riesgos conlleva la obligación de realizar un Plan de Autoprotección.

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