Faltaban pocos minutos para el mediodía cuando, según el relato de los testigos, se escuchó un explosión y se vio surgir del tejado de un antiguo edificio de la calle del Reloj —esquina con Conrado Blanco— un columna de humo que anunciaba la salida de unas llamas que pronto derribaron el tejado del inmueble, formado por planta baja y primer piso— en el que se aloja una ferretería, comercio con tradición en la ciudad, y un bar. Fueron la planta superior —dos viviendas, de las que se utiliza una con cierta frecuencia, y una zona de buhardilla, el portal y el local de hostelería las zonas menos afortunadas, al quedar completamente arrasadas.

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