Fue un trabajo «intenso, muy duro», afirma el bombero jefe de guardia. Fueron cinco horas sin parar con un solo objetivo: sofocar un fuego que amenazaba con calcinar una carpintería en Aia. Veintitrés bomberos lograron finalmente doblegar las llamas. Los daños, no obstante, fueron cuantiosos. Durante la extinción, el personal al frente de las labores se vio en las necesidad de acompañar a un matrimonio mayor que no pudo ser evacuado de su vivienda, situada justo encima del local siniestrado.

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