Leandro Renitz Oliveira, un hombre rubio de 29 años y ojos enrojecidos sentado en el suelo de una calle en el centro de São Paulo, tiene un pequeño ritual para todo aquel que le dirija la palabra esta mañana. Deja de sollozar y saca una cartera negra del bolsillo de sus vaqueros; rebusca en ella y extrae un cartón arrugado que tiene una serie de sellos. Indican cada pago que ha realizado por vivir en el rascacielos donde ha estado con su mujer desde -según el primer sello- el 16 de diciembre de 2016.

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